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Italiani Oltreconfine

COM.IT.ES. “CON MARCA POLÍTICA”: ¿DÓNDE TERMINA LA AUTONOMÍA Y DÓNDE COMIENZA LA PARTITOCRACIA?

Foto del escritor: FLAVIO BELLINATO
FLAVIO BELLINATO
1 oct
8 min de lectura

Hay una imagen que, quizás más que muchas palabras, plantea una pregunta.



Costa Rica: MAIE con Ceccon.

Panamá: MAIE con Floriani.

Guatemala y Honduras: MAIE con Gallio.

República Dominicana: MAIE con Atrigna.

Miami: MAIE Italiani in Rete.


Un poco sorpresivamente, no aparece México, donde por el momento parecen presentarse dos listas cívicas o, en cualquier caso, identificadas con símbolos que no remiten a ningún partido o movimiento político.


Cambian los países. Cambian las banderas y las referencias territoriales. Pero permanecen las mismas siglas, la misma denominación y una identidad gráfica inmediatamente reconocible: MAIE – Movimento Associativo Italiani all'Estero.


Podríamos utilizar un término muy contemporáneo para describir lo que vemos: branding político.


El propio MAIE se define en su sitio web oficial como un «movimiento político» y cuenta entre sus principales representantes parlamentarios con el vicepresidente Mario Borghese, senador, y Franco Tirelli, diputado.


Por lo tanto, la cuestión que planteo no tiene que ver con la diferencia semántica entre “partido” y “movimiento”. Tampoco pretendo sostener que estas listas sean, por esta razón, ilegítimas.


La pregunta es otra: ¿es coherente aplicar un branding político a las elecciones de organismos que han decidido definirse como apartidistas y autónomos?

Y, sobre todo: ¿qué modelo de Com.It.Es. queremos?


En Santo Domingo no necesitamos recurrir a interpretaciones


Existen documentos.


El 14 de enero de 2022, el Com.It.Es. de Santo Domingo aprobó su reglamento interno.


El artículo 1 establece textualmente:


«El Com.It.Es. es una entidad sin fines de lucro, apartidista y autónoma.»


Son tres conceptos sencillos. Y, al menos para mí, extremadamente importantes.


No es una frase incluida en un programa electoral. No es un eslogan. Es un principio incorporado al reglamento interno del Comité.


Pero hay algo aún más interesante.


Ese reglamento fue aprobado por unanimidad: 12 votos a favor, ninguno en contra y ninguna abstención.


Entre los doce consejeros presentes se encontraban también Massimiliano Scerra y Luca Pellegrini, aparentemente hoy candidatos en la lista que utiliza el símbolo “MAIE con Atrigna”. En aquella Asamblea también estuvo presente, y votó a favor del reglamento, el actual vicepresidente mundial del MAIE, Vincenzo Odoguardi.


El acta documenta la presencia de los tres y el resultado unánime de la votación. ¿Significa esto que un consejero del Com.It.Es. no puede pertenecer a un movimiento político? Absolutamente no. El reglamento no dice eso y sería incorrecto atribuirle un significado que no tiene.


Pero precisamente aquí comienza la cuestión que quiero plantear. Apartidista no significa apolítico. Un Com.It.Es. no es, ni debe convertirse, en un organismo integrado por personas carentes de ideas políticas. Sus consejeros pueden ser de derecha, de centro o de izquierda. Pueden pertenecer a partidos o movimientos, o no identificarse con ninguna fuerza política. Pueden hacer política en su ámbito personal.


Yo mismo, en 2021, pertenecía al MAIE y, al mismo tiempo, fui elegido consejero del Com.It.Es. No veo ninguna contradicción en ello. La distinción que considero fundamental es otra: una cosa es la pertenencia política de las personas; otra muy distinta es aplicar un branding político a una lista del Com.It.Es.


Y es precisamente esta distinción la que corre el riesgo de desaparecer cuando el símbolo de un movimiento político deja de representar únicamente a algunos candidatos y pasa a convertirse directamente en la marca bajo la cual se presenta toda la lista.


Miremos nuevamente la imagen que aparece al inicio del artículo


No vemos simplemente cinco planchas que, casualmente, pertenecen al mismo movimiento. Vemos cinco plachas construidas siguiendo un esquema comunicativo común.

El componente local cambia. La marca permanece.


Es precisamente esta repetición la que hace interesante la cuestión. Porque cuando una misma identidad política se reproduce territorialmente en diferentes países, la pregunta ya no se refiere únicamente a la orientación política de cada candidato.


Se refiere a la relación entre movimiento político, lista electoral y futuro organismo de representación. Y atención: aplicar un branding político a una lista no significa automáticamente hacer lo mismo con el Com.It.Es. que resulte elegido. Son dos cosas diferentes.


Pero precisamente por eso considero legítimo preguntar a los candidatos cómo pretenden garantizar, una vez elegidos, esa autonomía y ese apartidismo que algunos Com.It.Es. han querido dejar establecidos expresamente en sus reglamentos.


¿Modificarán posteriormente esos reglamentos internos mediante una mayoría de votos?


Hablemos de mi precedente de 2021


Ya sé cuál podría ser una de las objeciones: "Flavio, pero en 2021 tú también pertenecías al MAIE." Es cierto. Y precisamente por eso puedo explicar claramente cuál era entonces mi posición. Cuando me presenté a las elecciones del Com.It.Es. de 2021, la condición que puse para participar en aquel proyecto fue que la nuestra fuera una lista cívica.


No una lista MAIE. No con el símbolo del MAIE. No una extensión territorial del movimiento.

En la lista había personas que pertenecían al MAIE —cuatro o cinco— y muchas otras que no formaban parte del movimiento. Había personas procedentes del mundo asociativo y personas con experiencias y sensibilidades diferentes.


Ese era precisamente, desde mi punto de vista, el valor del proyecto. Personas diferentes podían compartir un programa para la comunidad sin necesidad de compartir una afiliación política. Algún artículo de aquella época pudo haberla denominado “lista MAIE”. Pero política y gráficamente no lo era. Y esta no es una distinción que hago hoy porque me encuentre del otro lado. Era mi posición entonces. Sigue siendo mi posición hoy.


¿La prueba más sencilla? Lo que ocurrió después


Entre 2022 y 2023, varias personas que habían participado en aquella experiencia abandonaron el movimiento político. Sin embargo, continuaron ejerciendo su mandato en el Com.It.Es. Para mí, esto demuestra exactamente por qué ambos planos deben permanecer separados. Se puede entrar o salir de un movimiento político. Se pueden cambiar ideas, pertenencias y simpatías.


Pero el mandato recibido de la comunidad dentro del Com.It.Es. pertenece a otra dimensión: la de la representación institucional y el servicio voluntario a la colectividad.

Si una persona abandona un movimiento y continúa tranquilamente desempeñando su función dentro del Comité, significa precisamente que Com.It.Es. y movimiento político no son la misma cosa.


Y, en mi opinión, tampoco deberían llegar a serlo simbólicamente. “El MAIE no es un partido. Es un movimiento. ”Llegados a este punto, alguien podría refugiarse en la terminología: "El MAIE no es un partido. Es un movimiento." Es una distinción que respeto, pero que no resuelve la cuestión que estoy planteando.


Es el propio MAIE el que se define actualmente como un «movimiento (también) político». Su sitio web oficial presenta a sus representantes en el Parlamento y describe explícitamente su actividad política.


Desde el punto de vista parlamentario, además, resultar elegido a través de un movimiento en lugar de una organización que se autodenomina “partido” no crea una categoría diferente de parlamentario: diputados y senadores ejercen sus funciones bajo las mismas reglas constitucionales y parlamentarias.


Por eso no me interesa discutir si semánticamente es más correcto hablar de “partido” o de “movimiento”. Me interesa un fenómeno diferente: la presencia organizada de un sujeto político parlamentario dentro de una competencia electoral destinada a elegir un organismo territorial que se proclama apartidista y autónomo.


Y es aquí donde, desde mi punto de vista, resulta legítimo discutir también sobre partitocracia. No como acusación de ilegalidad.

Como cuestión política. Volvamos entonces a Santo Domingo


En 2022, doce consejeros aprobaron por unanimidad un reglamento que definía al Com.It.Es. como apartidista y autónomo.


Lo mismo ocurrió también en Panamá —con Alberto Floriani— y en Costa Rica —con quien repite actualmente su experiencia en el Com.It.Es. y forma parte de la lista MAIE en ese país; en los demás casos no he logrado localizar sus respectivos reglamentos internos—.


Hoy, algunos protagonistas de aquellas mismas votaciones participan en una lista que lleva explícitamente en su símbolo la denominación MAIE.


La pregunta que les planteo es muy sencilla: ¿qué cambió?


En 2022 considerábamos importante establecer por escrito que el Com.It.Es. debía ser apartidista y autónomo.


¿En 2026 consideramos, en cambio, natural presentarnos a sus elecciones utilizando la marca de un movimiento político?


¿Por qué aplicar un branding político a las listas del Com.It.Es.? Y llegamos a la pregunta que más me intriga. ¿Por qué aplicar un branding político a las listas del Com.It.Es.?


¿Por qué no presentar listas cívicas? ¿Por qué utilizar simultáneamente, en diferentes países, el mismo nombre político?


La respuesta podría ser muy sencilla: reconocimiento.


Un símbolo conocido permite a los electores identificar inmediatamente una determinada área política. Es una explicación posible.


Pero existe otra pregunta que, especialmente ante la proximidad de una posterior competencia política nacional, considero legítimo plantear: ¿puede el resultado de las elecciones del Com.It.Es. convertirse también en un indicador de la capacidad de movilización territorial de un movimiento político entre los italianos residentes en el extranjero?


No afirmo que este sea el objetivo. Lo pregunto.


Porque cuando una misma marca aparece simultáneamente en distintos territorios, resulta natural preguntarse cuál es el significado político general de la operación. ¿Los Com.It.Es. utilizados entonces como termómetro político?


Precisamente porque estamos ante un movimiento político organizado, presente en el Parlamento y dotado de una red internacional, la pregunta sobre la conveniencia de trasladar directamente su marca a las elecciones del Com.It.Es. no puede reducirse a una simple cuestión gráfica.


El logo comunica pertenencia.


Y cinco logos construidos alrededor de una misma identidad comunican algo aún más fuerte: una red política reconocible a través de territorios diferentes.


¿Y si ganaran?


Existe, finalmente, una cuestión aún más concreta. Tomemos Santo Domingo. Si una lista explícitamente identificada con la marca MAIE obtuviera la mayoría del Comité, ¿qué ocurriría con el artículo 1 del reglamento? ¿Nada? Perfecto.


Seguiría diciendo: «El Com.It.Es. es una entidad sin fines de lucro, apartidista y autónoma.»


Y es precisamente eso lo que quisiera saber. ¿Pretenden los candidatos confirmar íntegramente ese principio? ¿Consideran que el futuro Com.It.Es. será completamente autónomo respecto del movimiento bajo cuyo símbolo se presentan? ¿Consideran que ninguna indicación política procedente del movimiento podrá condicionar las decisiones del Comité? ¿O consideran superada aquella concepción del apartidismo?


Son preguntas. Pero son preguntas importantes. Porque se refieren a lo que sucederá después del voto.


No estoy diciendo que una lista MAIE no pueda presentarse.


Estoy diciendo algo diferente: no comparto la idea de aplicar un branding político a los Com.It.Es.


Y, sobre todo, considero legítimo preguntar cómo se concilia esta decisión con el apartidismo y la autonomía que algunos de esos mismos protagonistas votaron anteriormente e incorporaron a los reglamentos de sus respectivos Comités.


El Com.It.Es. pertenece a la comunidad


Mi idea sigue siendo la misma que en 2021.


Listas cívicas.


Personas de derecha, de centro, de izquierda o sin ninguna pertenencia política.

Personas procedentes de las asociaciones, del mundo profesional, empresarial, cultural y social. Personas que pueden llevar afiliaciones diferentes en sus bolsillos pero que, cuando entran en el Com.It.Es., representan una sola cosa: la comunidad italiana de su circunscripción.


No la dirección de un movimiento. No un símbolo parlamentario. No un ensayo general de las siguientes elecciones políticas. Esta es mi concepción. Otros pueden tener una diferente.

Y precisamente por eso considero correcto debatirlo abiertamente.


Quizás, entonces, el punto ni siquiera sea determinar dónde termina un “movimiento” y dónde comienza un “partido”.


El punto es otro:


¿Queremos Com.It.Es. políticamente activos pero institucionalmente autónomos, o queremos que también las elecciones de los Com.It.Es. se conviertan en un terreno en el que aspirantes al Parlamento exporten y midan sus propias marcas políticas?


Porque una cosa es hacer política.


Otra es aplicar un branding político a un organismo de representación.


Y cuando un Comité ha decidido establecer en su reglamento que es «apartidista y autónomo», esa distinción merece, al menos, ser discutida.


En Santo Domingo, esas palabras fueron aprobadas por unanimidad en 2022. También en Panamá y Costa Rica. Siguen escritas allí.


La pregunta, cuatro años después, es muy sencilla: ¿siguen teniendo el mismo significado?


FLAVIO BELLINATO

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